sábado, 2 de febrero de 2013

Hemorragia post-parto por involución del lecho placentario

Embarazo
Hace ya un tiempo, conté todo sobre mi parto... Un parto hermoso, rápido, con alguna complicación pero, gracias a Dios, no hubo nada que lamentar.

Hoy paso a contarles mi post parto... Después de tres días internada me dieron el alta, me corrijo: nos dieron el alta y empezó la aventura de ser papis en casa, sin ayudas, solos los 3.

Los primeros días fueron muy duros (bah, los primeros meses fueron así). El bebé lloraba y yo no entendía por qué, comía todo el día, no dormía tanto como yo esperaba y yo no tenía tiempo ni de bañarme. Ninguna novedad: el caos habitual cuando hay un recién nacido en casa.

Pero además, nos pasábamos el tiempo mirándolo, disfrutando de esas manitos, esos ojitos, esos pies. Disfrutando de nuestro hijo, pensando que era el ser más hermoso del universo.

Yo me sentía bárbaro. La episiotomía casi no me dolía (tengo pruebas, ¿eh? Fotos en cuclillas aunque no lo crean) y mi cuerpo empezaba a intentar ser el mismo de siempre. Estaba cansada pero feliz...

Entonces llegó el día 8. Cuando mi peque cumplió 8 días, todo cambió: mareos, hemorragia, ambulancia, internación... Te cuento todo en este post.

Ese día amanecí bien, como siempre. Tuvimos que hacer un viajecito de un par de horas para hacer los documentos de mi hijo. No sé si fue el viaje, el stress, el destino o qué pero esa misma tarde, todo cambió.


Volvimos de hacer los trámites, nos acostamos a dormir un rato y cuando me desperté no me sentía del todo bien pero pensé que se trataba de cansancio. Me levanté, fui al baño y noté que estaba perdiendo más loquios de lo que venía en los últimos días. Decidí ducharme y en plena ducha, me bajó la presión y tuve que sentarme en el suelo. Grité llamando a mi marido porque no podía moverme.

Como siempre fui de presión baja, le pedí un vaso de jugo y algo para comer. Me sentí un poquito mejor pero no mucho. La hemorragia aumentaba pero yo, tontamente, pensé que era normal.

A la noche, después de cenar, no podía conmigo misma. Lamento ser gráfica e intentaré serlo lo menos posible, tan sólo lo suficiente para que quienes estén buscando información al respecto reconozcan sus síntomas... Me manché de pies a cabeza, como cuando una se indispone por primera vez. La hemorragia era terrible. La presión se me fue al piso y le dije a mi marido: "lleváme a urgencias porque me estoy desangrando".

No llegué ni a la puerta del departamento. No podía caminar, el cuerpo no me respondía, todo me giraba y mi marido, con el cochecito del bebé, no podía llevarme. Llamamos a unos amigos para que nos ayudasen y al llegar, a la ambulancia porque yo era peso muerto.

Me trasladaron en ambulancia y llegué, textualmente según la copia de mi ingreso, "en mal estado general". Me pusieron suero inmediatamente, me hicieron una ecografía y me ingresaron, así, sin más.

Rápidamente me dieron medicación para cortar la hemorragia. Era un jueves cuando entré al hospital. El viernes ya estaba mejor, con mucha menos hemorragia y con buenos signos vitales pero cuando me habilitaron para ir al baño, me desmayé. Me dijeron que me había levantado muy rápido.

Al preguntar qué había tenido, dijeron que podía ser que el útero se hubiese dilatado de vuelta pero que ya se había acomodado. El sábado me dieron el alta.

Llegué a casa, almorzamos, dormí una siesta y al despertar, mi compañera hemorragia estaba otra vez a mi lado. Esta vez no llamamos a la ambulancia. Mi marido me bajó en la silla con ruedas del escritorio, me subió al auto y fuimos otra vez a urgencias.

Otra vez llegué en mal estado general. Me pusieron suero, me hicieron una eco y me ingresaron. No sabían qué tenía. Decían que podían ser restos de placenta o un problema en el útero, pero no se jugaban por nada.

Pasó la noche y no mejoraba con la medicación. El domingo me tuvieron que dar una transfusión porque había perdido mucha sangre. Recuerdo estar acostada y llamar una y otra vez a la enfermera para que me cambiase. Nunca en mi vida me sentí tan mal, física y emocionalmente. Porque me sentía como una piltrafa, no podía moverme, tenía suero en un brazo y transfusión en otra, moretones en los brazos de cada vez que me sacaban sangre, no tenía hambre. Pero eso no era lo peor, lo peor era escuchar llorar a mi hijo y no poder alzarlo por mi misma, ver los ojos de mi marido y descubrir su preocupación, no saber cómo iba a seguir todo...

Esa tarde le dije a mi marido que seguramente me iban a tener que hacer una histerectomía. Lloraba cuando se lo dije y él me contestó: "ya tenemos a nuestro solcito", pero yo lloraba igual.

Por la noche me hicieron otra eco y un raspaje para ver si había restos. Prefiero olvidarme de esa intervención que fue sin anestesia. Mi marido y mi hijo estaban afuera y yo me mordí los labios para aguantar el dolor.

Pasé la noche y el lunes las doctoras me dijeron lo que ya sabía: "si no mejora, sra, vamos a tener que hacerle una histerectomía". Esta vez no lloré... Lloré cuando mi hijo quiso comer y me di cuenta que no tenía leche. Y lloré más aún cuando vi que él no quería aceptar el biberón (o mamadera).

Otra vez una transfusión y por fin, otra combinación de drogas. El martes mejoré, gracias a Dios. Llegaron los resultados de los estudios hematológicos (porque llegaron a pensar que era un problema de coagulación) y estaban bien. Bah, tenía todos los valores mal pero ninguna alteración hematológica.

El jueves me dieron el alta y volví, por fin a casa, con un diagnóstico: involución del lecho placentario. Es decir que mi útero volvió a estirarse y al no poder contraerse perdía sangre. ¿Por qué pasó? No se sabe...

Estuve tres meses anémica, varias semanas casi sin fuerzas, pero hoy, 8 meses y medio después, esto es tan sólo una anécdota. Estoy bien, tengo que hacerme controles claro, pero me siento perfecta. Ah, y la leche volvió, gracias a Dios. Hace 8 meses y medio que disfrutamos de la lactancia materna.

Cuento mi historia por si alguien tiene estos síntomas y en lugar de correr a urgencias está buscando información en internet.

Mi recomendación: si tenés más loquios de los que venías teniendo y estás mareada o no te sentís bien, no lo dudes, ¡andá a urgencias ya mismo!

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