domingo, 9 de febrero de 2014

10 cosas que tenés que saber antes de ser madre

Cuando estás embarazada el mundo parece color de rosa... Al menos una vez que pasaron las náuseas y los vómitos. Pero cuando llega el bebé no todo es un cuento de hadas.


Es cierto. Tu hijo será la luz de tus ojos. Te desvivirás por él y una sonrisa suya borrará todos los males del mundo pero... hay cosas que nadie te va a decir antes de que seas madre


Hablemos de ellas...

1. Todos saben cómo criar a un bebé... incluso quienes no son padres



Es así sin más: todo el mundo opinará sobre lo que tenés que hacer o dejar de hacer con tu bebé. Que si le das teta, que si le das bibe, que si duerme con vos en la cama o en su cuna, que si lo dejás llorar, que si lo porteás... Todo genera opiniones a favor y en contra.


Tu madre, tu suegra, tus cuñadas, tus amigas, incluso la vecina, la verdulera o una X que te cruces por la calle se sentirá con derecho a decirte cómo hacer las cosas.

¿Mi consejo? Seguí tu instinto, respirá profundo, sonreí, olvidáte de todas ellas y hacé lo que creas mejor para tu bebé que para algo sos su madre.

2. O sos pro Estivill o sos una hippie


No hay término medio. Es una locura, lo sé, pero casi casi parece Team Delena versus Team Stefan o Team Edward versus Team Jacob, tanta es la emoción y el odio que hay entre los "bandos". Si no sabés de qué hablo te cuento un poco.

Estivill es un médico que formuló una teoría sobre el sueño en los niños. Él sostiene que es necesario enseñar a dormir a los bebés porque sino se generan problemas de sueño. Para eso propone un método que consiste en dejar al bebé en su cuna para que aprenda a dormirse solo y acudir a verlo si llora pero siguiendo una grilla de tiempos. Es decir que se deja al bebé en la cuna y se sale del cuarto, el bebé llorará como es lógico y se espera un tiempo antes de entrar a consolarlo pero sin tocarlo, sino simplemente hablándole por un tiempo determinado. Y así sucesivamente.

Este método es detestado con fervor por las personas que practican la teoría del apego que, explicado muy por arriba, fomenta el colecho, la lactancia a demanda y un contacto constante con los padres. Por su parte, los amantes de Estivill consideran que quienes siguen la teoría del apego son una especie de hippies que dejan que sus hijos gobiernen su vida.

Como ves, no existen medias tintas ni términos medios. Se trata de un: estás con nosotros o con ellos.

¿Mi consejo? Informáte, elegí qué método seguir o ¡creá tu propio método! Y no discutas con gente del "otro bando", no vale la pena...

3. Tu vida nunca será la misma... para bien y para mal


Todos sabemos que la vida cambia cuando se tiene un hijo pero creo que no se tiene la dimensión de lo que eso significa. Podrás retomar tu vida, volver a tu trabajo, salir con tus amigos pero... ya nada será igual porque vos serás otra. Tener un hijo te transforma de una manera inexplicable. De repente cosas que antes te parecían "el" programa del fin de semana, ahora te parecerán una pérdida de tiempo cuando podés estar con tu hijo, aprovechar para verlo aprender a caminar o jugar con él.

La vida se transforma y gira en torno a tu hijo. Es cierto que podés seguir con tus hobbies e intereses pero es posible que sientas que ya no te llenan como antes.

4. Dormirse parado, como las gallinas, es posible.


La mayoría de los bebés no duermen bien de buenas a primeras, es decir que te esperan muchas noches durmiendo mal. A veces con un par de horas de desvelo en el medio, otras con despertares cada dos horas.

Llegará un momento en que el cansancio te pase factura y si eras de los que no dormían siesta, no conciliaban el sueño en el sofá y ni locos dormían en el colectivo, te encontrarás disfrutando aunque más no sea de una mini siesta de 15 minutos estés donde estés.

5. Tu líbido se tomó unas vacaciones... y no sabés cuándo vuelve.


Ser madre te cambia, de repente hay alguien que está por sobre todo. Hay alguien que depende de vos para vivir. Es muy fuerte... y agotador. Es posible que los primeros tiempos después de la cuarentena no tengas ganas de tener relaciones sexuales.

Tu marido, pobre hombre, después de la cuarentena estará ávido de sexo y vos... bueno, vos tendrás ganas de dormir y descansar cuando el bebé duerma. Eso no es malo, es normal. Lo primero es entender la posición del otro sin sentirse mal y después, encontrar un medio. 

Te sugiero una sesión de mimos. Acariciá a tu pareja, decíle que la amás, masturbála y disfruten de esa intimidad sin hacer el amor. De a poco, tu líbido volverá de viaje.

6. Ir de shopping significa comprar ropa de bebés y juguetes.


Las rebajas ya no serán lo mismo. Si tus amigas te piden que vayas con ellas de shopping, se sorprenderán al verte con el cochecito con tu hijo entrando y saliendo cargada de bolsas de locales de ropa para bebés y de jugueterías y mirando por arriba las tiendas femeninas. 

En un primer momento, cuando tu hijo es pequeño, tu interés puede centrarse tanto en él que disfrutes más comprándole cositas a tu amorcito que a vos misma.

7. Aprenderás a hacer todo con una sola mano.


No hay dudas de que hacer las cosas con una sola mano es dificilísimo y sin embargo, lo aprenderás en unos pocos días. Muchos bebés (por no decir la mayoría) quieren estar continuamente a upa, aunque vos tengas cosas que hacer. Entonces, no te quedará otra que aprender a untar la manteca en la tostada con una mano, a cocinar con una mano (ok, cocinar con el bebé a upa es peligroso. Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra), incluso a hacer pis, limpiarte y tirar el botón con una mano mientras en la otra tu hijo disfruta de tu abrazo.

8. Las uñas largas y pintadas pasan a ser una utopía


Ok, quizás este no es el punto más importante de este post pero... ¡Mis uñas ya no son lo que eran! Y al conversar con otras madres veo que es recurrente. Las uñas largas pueden lastimar al bebé, motivo que genera que las mamis nos las cortemos casi al ras. Y la verdad, pintarse con unas uñas al ras ya no es lo mismo, ¿no? 

Además, ¿quién tiene tiempo de pintarse las uñas con un recién nacido en casa? Gracias que es posible ducharse y comer... algo rápido, claro.

9. Tu casa parecerá Kosovo... y no te importará demasiado.


Un recién nacido en casa implica muchísimo trabajo y tiempo, tiempo que claro, le quitás a otras cosas que hacías antes. De repente, limpiar los vidrios deja de ser tan importante... Y tu casa poco a poco se empieza a parecer a Kosovo.

Se acumula la ropa para planchar, lavar los platos en el momento es una Odisea y pasar el trapo una verdadera misión imposible.

En medio de todo ese lío, serás capaz de sonreír al ver a tu hijo dormir en tus brazos, sin importar que para cenar tu marido prepare salchichas con papas fritas (de paquete, claro), ni que ambos estén vistiendo ropa arrugada.

¿Mi consejo? Pedíle a tu marido que te ayude con las tareas domésticas y si no puede o no da a basto, pedíle ayuda a tu mamá, a tu hermana, a tus amigas... Vos disfrutá y encargáte de tu bebé. El departamento puede esperar.

10. No sabrás en qué ocupabas el tiempo antes.


Llegará un día en que te preguntes qué hacías antes con tu tiempo... Y no sabrás la respuesta.

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